Algún día dejará de dolerme tu ausencia y el eterno silencio que hay sin ti. Aprenderé a vivir con otros tipos de aromas en mi almohada aunque no sea el tuyo, tan pegada a mi ropa, y a mi alma. Algún día, más tarde que temprano te darás cuenta de que nunca te eché de mi vida y que siempre quise que te quedaras, aunque decidieras huir de mi tempestad (y refugiarte en la calma de otro pecho). Me dejaste desnuda, con los sentimientos al aire y un vacío irreparable en el corazón, tiritando en una hipotermia constante y rogándote que me devolvieras eso que te llevaste de mí.
Por favor, la próxima vez cierra fuerte la puerta antes de marchar, que aquí sin ti, hace mucho frío
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