Me disfracé de tranquilidad siendo revolución, de vida siendo muerte, de blanco llevando como corazón algo muy negro. Me disfracé, con tantos vestidos y por ninguno de ellos quisiste pasearte. Me disfracé de lo que nunca fui, ni soy e imposiblemente seré mañana (pero que sin embargo tú siempre quisiste que fuera) Y aún así, estuve siempre tan desnuda ante ti que podías ver más de lo que mostraba mi piel. Temblaba de calor y de frío, esperando existir cada vez que me reflejara en tus pupilas.
Ya no; ahora no (y a lo mejor nunca). No sé si te llevaste la esencia, no sé si te llevaste lo mejor de mi cuando te fuiste o simplemente me volviste más miserable. Pero duele, vivir recorriendo con mis dedos las constelaciones interestelares que formo uniendo lunares en una espalda imaginaria, a sabiendas de que no es la tuya.