Volví a él, porque entonces no sabía
encontrarme a mí.
Y es triste,
mucho,
que aruñe las paredes por volver con
alguien
que nunca quiso volver a mí.
Que no solo aruño las paredes
que aruño su piel
y la mía,
sobre todo la mía
desesperada, en un intento de permanecer.
Que me dueles,
que te lo grito,
que me dueles,
que creí más en ti que en mí y me perdí.
Que te quise
y que te quiero,
te quiero con el corazón roto
y con los ojos vendados.
Que a veces no es solo suficiente con
quererse
si no con cuidarse,
con preocuparse
y con dedicarse;
Y yo no sé
si lo que me faltó fue cuidarme,
preocuparme,
y dedicarme a mi
porque cuando te cuidé,
me preocupé
y me dediqué por ti
sentía que no recibía el mismo aire que
daba.
Me viste dar mi última exhalación
y me dejaste ir.
Lejos.
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